Cuando trabajar es un honor

¿Por qué los maestros japoneses de la escuela Tsuji de Osaka, que estos días están en Menorca, siguen trabajando cuando superan los 70 y los 80 años? Si se lo preguntas a ellos no suelen ser muy explícitos, quizás por modestia, mientras se cubren la cabeza con el gorro de chef en la cocina del Way. Pero a quienes conocen la cultura japonesa esa actitud les inspira respeto. Estos últimos hablan de que trabajar es un honor, un motivo para vivir, y una responsabilidad para transmitir el conocimiento a las generaciones jóvenes, sea cual sea la profesión, porque todas ejercidas con esos valores tienen el mismo interés público. Trabajar aporta medios para vivir y a algunos unos medios cuantiosos, pero el sentido de lo que hacen no lo da el resultado económico. El prestigio está en el oficio.

Aquí confundimos el puesto que ocupamos con el valor del trabajo. El puesto nos pertenece todo el tiempo que sea posible, nos da medios para vivir o subsistir. Y en estos tiempos de salarios exprimidos, es fundamental la retribución, más allá de cualquier otro aspecto. La empresa y su motor a veces parece que no recorren el mismo camino.

Estoy convencido que muchas personas disfrutan con el trabajo que tienen y lo ejercen con pasión profesional. Crecen en experiencia y conocimiento. Pero no se sienten acompañados por el entorno social y económico. No cultivamos una cultura del trabajo que nos haga más ricos.

¿Esos chefs japoneses octogenarios, aplicando esas ideas, consiguen mejorar los platos de un restaurante? Eso parece. Porque la experiencia sigue siendo útil. Aquí es impensable que un jubilado renuncie a sus vacaciones del Imserso para seguir aportando a las arcas de la Seguridad Social.

Al final se trata de respetar lo común, lo que es de todos. Y el trabajo individual es la principal aportación que hacemos, no a la sociedad anónima o limitada, sino a la sociedad sin adjetivos.

Hay muchos motivos para la desafección. También los hay para cultivar una mejor actitud personal en el trabajo que ejercemos.

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