Archive for agosto, 2018

¿Adiós a las armas?

domingo, agosto 26th, 2018

Las escopetas las carga el diablo, igual que los argumentos a favor y en contra de la Segunda República o de Franco y su dictadura. Lo más saludable es dejar estos dos periodos para los historiadores, pero hay muchos que no pueden evitar la tentación de aprovechar la marca para sus estrategias políticas. Lo que no puede dejarse todavía para la historia es la Guerra Civil y especialmente sus víctimas. Hay deberes pendientes.

No es lo mismo un muerto de esa guerra que un cadáver. El muerto es de todos, el cadáver de la familia. Lo que debería interesar más a toda la sociedad son los muertos, aquellas personas que perdieron la vida, los asesinados durante la Guerra Civil y la represión franquista. Y respetar el derecho de las familias que lo pidan a identificar a sus familiares y a recuperar sus restos. Las administraciones deben favorecer este derecho, aunque la iniciativa debería ser de las familias.

Es muy difícil ser justos cuando hay que decidir qué muertos pesan más o tienen más derechos, los de un bando o los del otro. Y es imposible cerrar un conflicto que todavía está latente si ese es el debate.

El centenar de muertos en La Mola el 2 y 3 de agosto de 1936, los 76 del «Atlante» de noviembre de ese año, los cuatro de Ferreries, algunos junto a una cuneta, las víctimas de los bombardeos, los asesinados en «sa girada» de febrero de 1939, los fusilados por orden de los tribunales franquistas, lo que murieron en Mauthausen, esa larga lista de menorquines víctimas de la guerra merecen una actitud más generosa y responsable por parte de la generación actual.

Mientras las familias que quieran han de poder recuperar los restos de sus parientes, los muertos, todos, creo que merecen un acto público por la reconciliación y la memoria, porque la vida de las personas importa más que las ideas de aquellos que ayer empuñaron las armas o de quienes hoy tienen una responsabilidad pública. Creo que la mayoría lo agradeceríamos.

 

Efectos colaterales

domingo, agosto 19th, 2018

Estoy a favor del turismo. Esta declaración debería ser innecesaria. ¿Alguien puede estar en contra? Sin embargo hay efectos colaterales de la actividad turística que son negativos y que a veces las decisiones de los políticos de turno no hacen otra cosa que acrecentar. Me explicaré.

Cala Mitjana ofrece este mes un aspecto lamentable. Absolutamente masificada, en toda la superficie de arena no cabe una toalla. El enorme aparcamiento superior también está completo casi todos los días, sin nadie que vigile y ordene, con conductores nerviosos buscando un hueco. Si vas hasta Trebalúger, el Camí de Cavalls aparece sucio, con basura entre los matorrales y alguna compresa. No hay algas que molesten la entrada en el mar, sin embargo está llena de plásticos, como pasa en muchas playas de la Isla.

El cierre del acceso con coche a Macarella afecta a esta masificación. Y la poca atención que el Govern presta a la mejora de la limpieza del litoral afecta a la calidad del agua de las playas.

Es muy posible que Menorca ofrezca este mes un mejor producto turístico con sus hoteles, agroturismos y restaurantes, que no con lo que más presumimos, las playas y la conservación de la naturaleza.

Aquí la calidad la hemos medido siempre con parámetros urbanísticos y económicos. Para unos, si ocupamos menos territorio, aunque sea por una carretera, parece que vamos bien. Para otros, si vienen más turistas que el año anterior incentivamos la economía y evitamos el efecto «languidece».

Creo que si los turistas vienen especialmente por las playas hay que ofrecer un producto de calidad, con buenos aparcamientos en lugares adecuados, y una labor de limpieza más eficaz. Porque el gran atractivo de la Isla no es un patrimonio imperecedero. Es su gran valor económico. Pero hay que saber conservarlo y ponerlo a punto para la temporada. Nadie pondría en Fitur una foto de Cala Mitjana masificada para promocionar la Isla.

 

El virus radical

domingo, agosto 12th, 2018

En esta ocasión han sido los radicales a favor de la independencia de Catalunya los que han intentado boicotear una conferencia de Albert Rivera en las tertulias de Es Mercadal. ¿Hay diferencias con los que quisieron impedir que Artur Mas hablara en el Ateneu? En lo esencial pocas. La libertad de expresión es un derecho que hay que reconocer en los demás antes de reclamarlo para uno mismo. Los integristas son los que reivindican todos los derechos propios y son incapaces de ver ni el más pequeño en los que piensan distinto. Con esta base construyen su idea de la justicia. Y cuando actúan como radicales se sienten impulsados por la razón única. Y además presumen de demócratas.

Radicales han habido siempre. Incluso los extremos son útiles para descubrir el valor de los espacios de encuentro. El riesgo que vivimos hoy es que los radicales son un virus que tiende al centro y va contagiando el espacio político, hasta el punto que sus argumentos crean la agenda y pueden llegar incluso a establecer la medida de lo políticamente correcto.

Lo mejor de escuchar a Mas o a Rivera es que se puede discrepar de ellos, incluso algo mejor, preguntarles por lo que hacen y aprender algo. Albert Rivera es un candidato a la presidencia de Gobierno y es interesante que con toda naturalidad pase sus vacaciones en Menorca. Como lo ha hecho Artur Mas y su familia durante décadas. Lo que habría que intentar es que se sientan cómodos en la Isla, bien acogidos por personas educadas. Quizás en la declaración de la Reserva de la Biosfera habría que incluir que la Isla sea un espacio de convivencia.

Las protestas son necesarias. Yo siempre he dado más valor a los que expresan su opinión que a las mayorías silenciosas. Sin embargo, hay que poner el acento en la manera en que se producen: nunca han de servir para coartar la libertad de los demás, porque si lo hacen la forma engulle el fondo.

Las tertulias de Es Mercadal -hay que felicitar a Francesc Ametller- son un buen ejemplo de actitud demócrata de respeto a las ideas. Quizás valdría la pena experimentar con la posibilidad de que un monólogo se convierta en diálogo.

 

El debat que s’oblida del mar de plàstic

miércoles, agosto 8th, 2018

Hi ha un debat obert sobre com va aquesta temporada turística, entre els optimistes i els pessimistes. Les dades sembla que no aconsegueixen convèncer ni uns ni els altres. No només hi juguen les anàlisis econòmiques sinó també les motivacions polítiques. Alguns voldrien una consellera de Turisme amb un altre «perfil», més favorable o implicada amb l’activitat. També és evident, encara que sigui una evidència dir-ho, que la incidència d’una consellera més o menys implicada afecta molt poc al resultat de la temporada turística. Per altra banda, altres consellers més professionalitzats, com Lázaro Criado, tampoc va triomfar. Tal vegada és fins i tot lògic que els empresaris i els polítics mai estiguin d’acord, el que no vol dir que no hagin de col·laborar. Com mai han d’estar d’acord els periodistes amb els polítics, especialment amb els que comanden, però tampoc amb els de l’oposició.

Però totes aquestes coses formen part del debat general. Tendim sempre als grans debats i a vegades ens oblidem de les coses petites. Volem posar una estora nova a la casa comuna quan encara no hem garnat el jardí. Un exemple clar és la gran quantitat de plàstics que hi ha per tot arreu, a les voreres de les carreteres, a punts del Camí de Cavalls, entre l’arena de les platges i a la vorera i enmig de la mar. Jo aquest estiu he trobat més trossos petits de plàstics que no borps, i açò que n’hi ha molts.

S’han mostrat dades sobre la poca eficàcia de les barques de neteja del litoral. Qualsevol persona pot veure que hi ha massa brutor en aquesta Reserva de Biosfera, però no s’ha vist cap acció empresarial per exigir una millor actuació de l’administració turística, ni dels polítics per dur endavant una acció decidida. Només actua la societat civil.

Sempre he pensat que és més important que el turista que ve se’n vagi molt content que no plorar pel turista que no ve. Hem de pensar més en la qualitat de la Menorca que venem. És un bon producte que cuidam massa poc.