Archive for diciembre, 2017

La llengua i la política

martes, diciembre 12th, 2017

La llengua pròpia dels menorquins fa temps que es fa servir com un instrument per fer política. Segurament, gairebé tothom, excepte els més radicals, pot estar d’acord que una llengua forma part del nostre patrimoni cultural i històric, de la nostra personalitat, i que és fins i tot és normal sentir una estimació cap a ella, voler conservar-la amb bona salut. Si és així, per què es converteix constantment en motiu de polèmica? Perquè se’n fa un ús pervers.

La dreta de Bauzá (la regionalista de Cañellas era diferent) i també molts defensors de les formes dialectals en contra de l’estàndard fan servir la polèmica per la llengua per anar en contra del nacionalisme. Així enforteixen la relació entre la defensa de la llengua pròpia i els partits de l’esquerra nacionalista. Aquesta, per la seva banda, no vol renunciar ni compartir aquest patrimoni polític i pren decisions perquè quedi clar qui està a favor del català i qui està en contra. L’ús del català entre els funcionaris, també el personal sanitari, té lògica, però no s’ha d’imposar ni prioritzar sobre altres necessitats urgents. Ara bé, els funcionaris han de fer un esforç per conèixer la llengua pròpia de la terra on treballen, i en un temps determinat se’ls hi ha de poder demanar que compleixin amb aquest compromís. Entendre la diferència entre llengua pròpia i llengües oficials és important per no caure en la temptació d’obrir trinxeres.

Crec que la gran majoria també està d’acord que s’haurien de posar més mitjans per aprendre anglès com més prest millor. El coneixement d’aquesta llengua és una necessitat per la formació dels joves i per la seva competència professional. No es pot deixar en mans de l’ensenyament privat si volem defensar la igualtat d’oportunitats, un dels valors essencials de qualsevol sistema educatiu.

Si no som capaços d’arribar a acords en matèria de llengua, algú es pot imaginar que es pugui arribar a pactar una reforma de la Constitució?

 

El relato y la realidad

lunes, diciembre 4th, 2017

Hay expresiones que se ponen de moda, a base de repetición y en el entorno adecuado. Ha pasado con el conflicto catalán. Por ejemplo: «Construir un relato». La idea ha triunfado. Ya no importa tanto la variedad de los hechos, la «verdad» informativa, sino que la suma de lo que transmiten los medios en sintonía con la línea editorial que defienden crea un relato que se constituye como un sinónimo de la información, cuando, como mucho, no pasa de ser una metáfora. Por ejemplo, los independentistas se han abonado al relato de la represión del Estado. Los unionistas, al discurso del adoctrinamiento en las escuelas. En ambos casos, primero es el argumento y después los hechos. Al considerar que muchos ciudadanos, con una posición definida, están dispuestos a aceptar lo que sea porque ya han asumido el argumento como cierto, los medios les llenan la cesta de datos interesados para consolidarlo. Pobre periodismo.

Nunca he comprendido la obsesión de los partidos por el argumentario. Casi todos, de derechas y de izquierdas, reparten entre sus políticos un argumentario sobre los temas de actualidad. Así todos opinan lo mismo, sin fisuras. La repetición del mensaje llega a dar la impresión de que puede aproximarse a la verdad. Pobre política.

Otro término que se ha impuesto es el «principio de realidad». La idea es que los independentistas han intentando conseguir un objetivo político hasta que han topado con ese principio, que les ha devuelto a la tierra y les ha llevado a la cárcel. También es otro concepto contaminado por las ideas. La realidad parece que se nos muestra como la Constitución, inamovible. Si la Carta Marga llega a adaptarse a los nuevos tiempos la realidad habrá cambiado, porque la sociedad no es una foto fija, ni las personas seres sin ideas ni consciencia. Pobres ciudadanos.

Al final, el relato es un cuento y la realidad es subjetiva.

 

Belarmino, un humano que ejercía de tal

lunes, diciembre 4th, 2017

Belarmino Menéndez es uno de los protagonistas locales de la transición de recuerdo más agradable. Quizás durante demasiados años, de los últimos, ha tenido poca presencia pública, una lástima, pero sin duda de su sabiduría y de su bondad se habrán beneficiado muchas de sus personas cercanas, algunos de los que compartían conservación y disfrutaban con escucharle.

No creo que fuera pródigo en contar batallas en primera persona, ni su papel destacado en las huelgas de la minería en León a principios de los 60, donde aprendió los valores del sindicalismo, y de donde tuvo que desaparecer conminado por un inspector de «la secreta», ni su pelea con Alfonso Guerra cuando una maniobra en el PSOE balear impidió en 1983 que Paco Triay Llopis fuera candidato al Congreso.

Yo hacía demasiado tiempo que no hablaba con Belarmino, sin embargo el recuerdo de su trato amable, de su conversación inteligente, de la generosidad de quien está más a gusto interesándose por ti que no hablando de él, nunca se me ha borrado de la memoria. En definitiva, una persona esencialmente humana.

Mirarle a los ojos era ser consciente de los valores que hemos perdido en la política y en la sociedad desde la transición. La generosidad es considerada hoy una debilidad política, mientras que ser inflexible es un don del buen gestor. La discrepancia ya no enriquece (Belarmino era amable en las formas pero nunca dejó de expresar su opinión) mientras que ahora se premia la dócil unanimidad, la fidelidad.

Los mujeres y los hombres que protagonizaron en Menorca la transición se van poco a poco. En muchos casos su testimonio es reconocido. En otros no es así. Valdría la pena que esa historia de proyecto común, de respeto a la discrepancia, de voluntad de alcanzar acuerdos se alumbrara para que las nuevas generaciones puedan comprender que la política y el servicio público no siempre han sido como hoy.