Cuando la ética se negocia

La negociación de los pactos para un gobierno casi imposible corre el riesgo de padecer la misma superficialidad de la campaña electoral. Ésta pueda hacerse desde los platós de televisión, pero el acuerdo para gobernar debe basarse en cosas más sólidas que la estética o las poses para la foto.

Mariano Rajoy ha sido el que más ha perdido en las elecciones y sin embargo es el vencedor, como partido más votado. El PP defiende que eso le debería dar el derecho a gobernar, lo que es muy discutible. Le da la oportunidad de formar gobierno si consigue los apoyos suficientes, pero nada más. Pedro Sánchez, el otro perdedor, tiene la obligación de buscar alianzas para intentar un gobierno «de izquierdas». Para un PSOE malherido y dividido, pendiente de renovación, la tentación de tocar el poder sin asumir las consecuencias de su crisis tiene mal pronóstico. El camino corto es el más peligroso.

Es muy difícil que los socialistas puedan aceptar la consulta en Catalunya que plantea Podemos y que tan buen resultado electoral le ha dado a Pablo Iglesias (ganó votos en Catalunya y no los perdió en el resto de España). Sin embargo, lo que el PSOE no podrá tragar es la eliminación de las «puertas giratorias con efectos retroactivos». Es decir que todos los que fueron altos cargos de un gobierno socialista (empezando por Felipe González) que ahora están en consejos de administración de grandes empresas dimitan de estos o se vayan del PSOE. A eso se le llama imponer la ética, especialmente a los adversarios políticos. La propuesta de Podemos es populista y demagógica. Un ex presidente socialista no puede ganar dinero en una empresa o impartiendo conferencias. Uno del PP sí. Como si eso fuera connatural a cada ideología.

Hoy no se habla de la ética, sino que se utilizan como si fueran sinónimos, ideas como justicia, igualdad, compromiso, decencia. Y curiosamente, la ética es lo que más falta hace, pero no en el comercio de una negociación política, sino como una actitud personal e intransferible de renovación de los valores democráticos.

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