Archive for agosto, 2014

Alcaldes de rebajas

lunes, agosto 25th, 2014

Mariano Rajoy quiere cambiar la Ley Electoral para permitir la elección directa de los alcaldes. Aunque no ha explicado su propuesta con detalle, solo la ha insinuado para alentar el debate en agosto, plantea que el partido que consiga en las elecciones locales un 40 por ciento de los votos y sea el más votado su candidato será alcalde de forma directa y así se evitarán las acuerdos de partidos con menos votos y que sin embargo han podido «robar» alguna alcaldía, principalmente al PP. Además del alcalde directo, el 40 por ciento permitiría disponer de la mitad de los concejales.

La propuesta me parece una rebaja en una democracia que con demasiada facilidad se pone de oferta. Que gobierne el alcalde más votado suena bien, pero el problema es que el 40 por ciento de los votos con una participación del 65 por ciento, puede significar que uno sea alcalde con el apoyo de solo uno de cada cuatro ciudadanos de su municipio. Por tanto, de una forma u otra, sigue siendo un juego de minorías.

Pensando bien, el objetivo de Rajoy podría ser asegurar una mínima estabilidad institucional cuando los opciones alternativas como Podemos se abren paso, ya no en la calle, sino a través de las urnas. Coaliciones con Podemos y anti PP podrían ser una norma y no una excepción. Pensando mal, es una forma de que este partido, como el PSOE o CiU y PNV, incluso Bildu, en sus autonomías, se aseguren numerosos alcaldías.
Los cambios legislativos deberían responder a la transformación de la sociedad y no ser un instrumento para aplicar reformas con intereses concretos. Si hay que elegir alcalde directo habría que facilitar la presentación de candidatos, que nazcan fuera de los partidos y que éstos incluso puedan apoyar a alguno de ellos. Si hay que transformar el sistema electoral, no nos quedemos a medias. Y no lo hagamos en defensa propia, me refiero a la de los grandes partidos.

El valor de un voto

martes, agosto 19th, 2014

Un partido se presenta a las elecciones con un programa. Le votan y obtiene votos suficientes para gobernar, a veces en minoría. Unos creen que ese programa es un contrato vinculante, con el compromiso de llevarlo a cabo, hasta el último detalle. Sin embargo, cuántos de quienes les han votado conocen el programa. Seguro que muy pocos. La ignorancia no exime del cumplimiento de la ley. Además algunos pueden compartir unas ideas del programa y estar en contra de otras.  El votante ignorante parece tener mayor valor que el abstencionista informado. Algunos partidos gobernantes llegan a pensar que cuando existe una oposición fuerte a una acción prevista en su programa, con el que ganaron las elecciones, se está intentado pervertir la voluntad popular.

Es un argumento usado a menudo por las opciones conservadoras para deslegitimar las movilizaciones que se promueven desde la izquierda. Se sienten víctimas de la protesta, pero no son capaces de generar la movilización inversa. Es una interpretación exagerada. Todos los votos tienen el mismo valor. Tanto el del doctor en economía, como el del toxicómano esquizofrénico, tanto el de quien sale a la calle para manifestarse en contra de lo que sea, por su compromiso social, como el que se pasa horas en el sofá, comiendo pizza y viendo «Sálvame». Sin embargo, la democracia, por suerte, no se reduce a depositar un voto cada cuatro años. Ni creo que ese sea el acto supremo de los valores democráticos. Mucho más importante es la participación. Quienes gobiernan no deberían sentirse atados por un programa, más allá de una lógica basada en la capacidad de cambiar una promesa verde por una acción madura. Lo ha hecho Luis Alejandre al desistir del desdoblamiento y optar por una obra que mejora la seguridad y la calidad de la principal vía de comunicación de la Isla. Claro que aun así genera protestas. Y claro que incumple el programa. Sin embargo, es la opción elegida por un equipo de gobierno que debe ser consecuente con sus decisiones y no pasarse el día mirando a los lados.

La campaña que viene

martes, agosto 19th, 2014

Esperamos demasiado de la política. Cuando Obama ganó las elecciones
alguien le aconsejó: «Decepciona pronto a los electores». Las expectativas que había generado eran tan enormes que ni un héroe de cómic sería capaz de cumplirlas. Ahora comprendemos que no era cuestión de blanco o negro, sino de una amplísima gama de grises.

A veces los políticos quieren que creamos que son capaces de salvar el mundo, superar la crisis económica, mejorar nuestra calidad de vida, de hacernos más felices. Simplemente, no tienen tanto poder. Yo he dejado de escuchar las promesas electoralistas y las críticas de campaña.

Aunque los medios nos apuntemos a veces al espectáculo, creo que las campañas ayudan poco al elector, A partir de septiembre lo veremos.

El presidente Rajoy va a mandar a sus ministros a recorrer España con unmensaje único: hemos salido de la crisis y eso porque el Gobierno ha hecho las cosas bien. Pedro Sánchez, el flamante líder del PSOE, se dedicará a repetir que «la calle» no nota la recuperación, mientras intenta parecer más de izquierdas sin abandonar el centro, donde todavía se cree que está la mayoría. Parecen no darse cuenta que desde
enero de 2012 el PP ha perdido, en estimación de voto, 12,7 puntos (del 42,7 al 30) y el PSOE casi 7 (de 28 a 21,2). Podemos se presenta como la tercera fuerza con su mensaje contra las «castas». Cuando este nuevo partido consiguió en las Europeas más de un millón de votos y cinco escaños muchos tuvimos que buscar en Google de dónde salía.

Creo que casi nadie vota por una promesa, pero sí por una esperanza.
La que pueden dar quienes transmiten honestidad y esfuerzo
en su loable dedicación a la vida pública. No les corresponde a los políticos salvar el mundo, solo gestionar bien los recursos que les damos. Del resto que se encargue la sociedad civil. Tú.

Catalans de Menorca

lunes, agosto 4th, 2014

He passat una setmana a Barcelona i sense cercar-ho m’he trobat amb unes quantes persones que venien de vacances a Menorca. A qualsevol lloc d’Espanya m’haguera sorprès més, però a Barcelona no. És habitual. La relació entre menorquins i catalans ha estat i és intensa, de forma natural, sense promocions ni planificacions.

La imatge de Catalunya i dels catalans no passa per una bona època. I no només per les circumstàncies i les decissions pròpies. Costarà recuperar-se de la bofetada que Jordi Pujol ha donat al seu país. La reivindicació de la independència no genera gaires simpaties fora de Catalunya. També hi ha actituds polítiques que fomenten una dosi important d’odi cap als catalans. Més abans, quan el PP va dur el nou Estatut al Tribunal Constitucional i volia guanyar les eleccions, que no ara, amb un Rajoy que sembla que vol mantenir un diàleg institucional, sense afluixar ni una mica en les pretensions separatistes. Crec que s’ha comprovat que fora de Catalunya criticar als catalans dóna vots.

Aqui ens movem per instints més primaris. Una certa antipatia prové del contrast entre la impaciència dels habitants de les grans ciutats i el poc a poc amb denominació d’origen. I també d’una sensació, que jo no tenc, però que percep en molta gent, de què alguns catalans actuen a Menorca com a propietaris, o millor dit, com a menorquins.

Crec que hauríem de cuidar més les relacions amb Catalunya i els catalans. Valorar que són turistes fidels a l’Illa. Que compartim la mateixa llengua. Que hi haurem de tornar per visitar un metge bo. Que el president de la Generalitat i l’alcalde de Barcelona siguin habituals a l’estiu és positiu.

Així no oblidaríem. com ens ha passat, a Lluís Benejam, nebot de Marino Benejam, el ciutadellenc del «TBO», un músic descendent de menorquins. A Catalunya es commemora el centenari del seu naixement. Aquí ningú hi ha pensat.