Archive for julio, 2014

Saltarse la ‘burrocracia’

domingo, julio 20th, 2014

Luis Alejandre abre aparcamientos en áreas naturales y cerca de faros, instala servicios sanitarios químicos junto a playas vírgenes, permite el servicio de vigilancia en los accesos a la Fundació de Persones amb Discapacitat, sin tener el último papel que lo autorice. Se han cumplido decenas de trámites pero ha perdido la paciencia esperando el último sello, en una burocracia de la que participan un montón de servicios, departamentos, técnicos. funcionarios.

Para algunos, el conseller es un mal ejemplo para los ciudadanos, a los que no se permite saltarse el último trámite. Para otros, es un ejemplo de eficacia.

Que la administración se salte las últimas casillas de este laberíntico juego de la oca demuestra que los ciudadanos que se quejan de los años que llevan esperando un permiso tienen toda la razón.

El problema es que el sistema está basado en la desconfianza. Cada día más. Hay que presuponer que detrás de cualquier acción hay un motivo oculto y que un ciudadano que tiene un proyecto sin duda pretenderá levantar un metro más de pared o pagar en negro media obra. Vivimos ahogados por las normas preventivas y las sanciones posteriores.

Yo no creo que el general Alejandre sea un mal ejemplo. Que se ordenen aparcamientos para garantizar la seguridad y la comodidad; que se instalen sanitarios que eviten desagradables sorpresas en paseos agradables por áreas naturales; que los miembros de la Fundació de Discapacitats puedan vigilar los accesos a las playas vírgenes son cosas buenas y necesarias. A lo mejor al final hay que ponerle al conseller una multa por no tener el último papel, pero habrá cumplido con su trabajo.

Habría que conseguir borrar del diccionario la acepción de burocracia que la desacredita y convertirla de nuevo en un servicio eficaz al ciudadano.

Una póliza de seguros imposible

lunes, julio 14th, 2014

Vaya por delante que Menorca, en los tiempos que corren, sigue siendo un paraíso bastante seguro. Pero menos que antes. Ya hemos aprendido que la sociedad del bienestar se construye a base de pequeñas pérdidas de calidad de vida y de medidas correctoras, de prohibiciones necesarias.

El accidente mortal de Es Pla ha provocado una reacción en cadena para garantizar seguridades. Las señales de «peligro, caballos botant» ya van a formar parte de las fiestas. Otro ejemplo, ayer los patronos de las barcas de arrastre no participaron en la procesión de la Verge del Carme de Maó porque no tienen material de salvamento para las 60 o 70 personas que se embarcan.

Es necesario que quienes tienen que preocuparse por la seguridad de cualquier fiesta o acto lo hagan bien, en decir que no decidan los políticos, que no tienen la obligación de saber de todo, sino que intervengan los técnicos. En cuestión de seguridad y emergencia deben actuar los profesionales.

Y a pesar de ello, no existe una póliza que garantice la seguridad absoluta. Siempre es posible un accidente por circunstancias imprevistas, por el azar.  No conviene obsesionarse con la seguridad y la aplicación de medidas extremas, que al final pueden representar más renuncias por el bien de todos.

De Es Pla de Ciutadella me preocupa más la agresión a los policías y los problemas de seguridad que se producen todos los fines de semana. O la agresión a la dueña de una tienda en Alaior. O la impresión de que se incauta menos droga que antes y no porque se reduzca el consumo.

Creo que la primera medida es que los profesionales de la seguridad se apliquen a fondo. Que dispongan de medios y se les exijan resultados. Que se preocupen de actuar en lo cotidiano en lugar de perseguir promesas de seguridades imposibles.

Una tierra sin rey

lunes, julio 7th, 2014

No puedo evitarlo. Desde que releí «El señor de los anillos» me gustan los héroes. No tanto los invencibles, que al final aburren, sino los que se muestran más humanaos, incluso los que lloran, pierden y se levantan. Para que lleguen a mito precisan de dos cosas, una victoria y una historia.

Ciutadella creía tener un líder, José María de Sintas, y se ha visto que no. Como mínimo no lo va a ser en la vida pública. Sin embargo, su desapego del cargo, que ha demostrado desde mucho antes de anunciar la dimisión, debería incluirse como una lección en el manual del buen político. Cuando muchos se pelean para sentarse en una silla como la suya, él se siente liberado cuando se levanta. El cargo no es mío -parece decir- sino que sirvo en este puesto mientras sea capaz de hacerlo en condiciones. Cuando los sospechosos de corrupción no se van a casa por muchas críticas que reciban en la prensa y en las redes sociales, él lo deja no tanto por la responsabilidad de unos juegos de Es Pla mal organizados, sino por el dolor que siente ante las fatales consecuencias de ello.  Más humano, imposible. Honesto. Una decisión comprensible. Además, reconoce que nadie es imprescindible. Debe ser el primer político que se va sin que nadie se lo pida.

El exceso de drama de esta semana ha permitido a José María de Sintas irse con afecto y entre aplausos. La gente parece reconocerle madera de líder. Incómodo con la política, sensible con los más débiles, sincero y preocupado por su municipio. Hubiera podido afrontar el desafío, con unas gotas de heroicidad, y trabajar para superar el gafe del Ayuntamiento de Ciutadella, que no necesita resolver solo el problema de Es Pla. Tiene muchas otras cuentas pendientes.

José María de Sintas era excaixer senyor. Ahora es exalcalde. La historia se escribe en capítulos. ¿Quién puede asegurar que este sea el último de Chiqui?