¡Corred, insensatos!

Me gusta la frase que dice Gandalf, el mago gris, cada vez que otea el peligro en forma de manada de orcos, de los que hoy ocupan la Tierra Media. La apremiante recomendación de este adivino me vino ayer a la cabeza, no sé por qué, mientras esperaba ante la puerta de urgencias de un centro de salud.

Ya se sabe que en esta sala de “desespera” tienes tiempo para leer y observar lo que hay alrededor. Justo debajo del cartel de “Urgencias”, una extensa nota informativa denunciando “la contrarreforma sanitaria”. A su lado un cartel en moderno “roller” en el que la Conselleria dice: “Ens importa la teva salut” y detalla los 110 millones invertidos (no habla de los que ha desinvertido); 30 nuevos centros sanitarios (nada dice de los viejos) y los 500.000 beneficiarios (ni una letra de los perjudicados o de las listas de espera, ni de las 147 plazas suprimidas del “Mateu Orfila”). Al cartel le falta un trozo, arrancado por algún indignado, pero se ajusta al decorado de los tiempos de los recortes. A los lados de la puerta automática, como dos columnas que sustentan las ruinas del templo sanitario, otros dos carteles: “Sanidad sí; carreteras no” y “Sanidad pública y gratuita para todos los inmigrantes”.

Todavía no me han llamado para que entre a la consulta y sigo escuchando a Gandalf de fondo. Entre tanto cartel, hay una cesta donde se pide a los usuarios, generalmente enfermos, que dejen alimentos básicos para ayudar a quien no tiene para comer. La cesta está llena. Menos mal. Empezaba a desanimarme. Entonces recupero la confianza. Decido no huir a pesar de que estoy convencido de que los orcos andan cerca. Me preocuparé de verdad el día que encuentre la cesta vacía o el día que la sanidad se hunda y no haya carteles de protesta.

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