Archive for diciembre, 2012

Con palos en las manos

viernes, diciembre 28th, 2012

Todo el mundo está más sensible. En este caso, no se debe a la cercanía de la Navidad, sino que es un efecto más de esta maldita crisis. La sensibilidad es una moneda de dos caras. La bonita es la que te permite admirar lo que existe y lo que se hace y saber darle un valor. La fea, la que más abunda ahora, es la que convierte a una persona sensible en irascible. Seguramente han notado que el índice general de mal humor se ha incrementado un 24 por ciento este año. O más. Sobran los motivos. El principal es la falta de dinero en los bolsillos y las dificultades enormes que existen para conseguirlo. Una Navidad sin paga extra no invita a cantar villancicos.

Este incremento de la tensión se descubre en casi todos los ámbitos. Se toman posiciones a la defensiva debido al miedo que se extiende. Se rechazan opiniones contrarias por el mismo motivo. Se alimenta el radicalismo. Y si a dos personas que defienden dos posiciones totalmente enfrentadas se les facilita un palo a cada una de ellas es fácil que pasen “de las palabras a los hechos”.  Por tanto, la termodinámica actual representa un riesgo de conflictos evidentes.

El termómetro ha subido varios grados en la enseñanza, la educación, la sanidad, entre los jubilados, en la justicia, en las empresas, en los partidos políticos, en el deporte, entre los bancos y sus clientes, incluso en el supermercado a partir del 15 de cada mes. ¿Cómo se puede bajar la temperatura ambiente? Seguramente con la actitud de quien busca “esclata-sangs” en época de escasez, que sabe que ha llovido poco y, como espera menos, se alegra con la cesta medio llena. Hay que encontrar motivos para alegrarse de algo, especialmente de lo que afecta a los demás. ¿No me digan que lo del obispo Piris no es para tener esperanza? (Página 13).

¿Habrá ERE político?

martes, diciembre 11th, 2012

Para saber que sobran políticos y cargos de confianza no hace falta acudir a estadísticas y comparativas con otros países. No creo que la democracia deba vincularse a la cantidad, sino a la calidad de los representantes políticos. Y si pasamos lista, el resultado no sería muy distinto al del fracaso escolar. Pero la constatación del exceso de cargos no es una interpretación antisistema, sino que ha de relacionarse con la reforma de la administración pública. La necesidad de un Expediente de Regulación de Empleo en las administraciones topa con una oposición férrea de los propios partidos. Los dirigentes se sienten empresarios del negocio público y al mismo tiempo son empleados, por tanto no están dispuestos a aplicar un ERE que les afecta. Mandar a un compañero al paro es una experiencia durísima.

Por eso no sorprende que los dirigentes de administraciones locales del PP y del PSOE se hayan reunido en los últimos días para afianzar una estrategia común en contra de las intenciones del ministro Montoro de agrupar ayuntamientos y reducir la administración local. El primer intento ya hizo agua. Ahora, los posibles afectados se parapetan para rechazar la segunda andanada.

Tampoco sorprende que la presidenta del Consell de Mallorca le diga a Bauzá que no va a devolver ni una sola competencia al Govern, a pesar de la evidencia histórica de que el Consell mallorquín y el Govern son dos administraciones duplicadas, con un gasto inútil, que repercute en la economía de todos los baleares.

Un Gobierno que ha desarrollado un gran número de reformas, está obligado a aplicar los cambios que afectan directamente a los profesionales de la política y a los cargos de confianza. No tiene sentido que la administración se preocupe de salvarse cuando a su alrededor todo se hunde.

Lo público, más o menos

martes, diciembre 11th, 2012

Lo que es público cumple, como mínimo dos condiciones: no es privado y por tanto es de todos y, en segundo lugar, se puede conocer, porque no forma parte de algo individual, interno, personal. La conclusión es que lo público debe ser posible que se convierta en publicado. Sin embargo, la administración crea laberintos donde todo se confunde, con normas que no clarifican, sino que enmarañan, obstaculizan.

Todo esto viene a cuento de la forma en que se puede acceder a algo tan público como los registros de la Propiedad y Mercantil. Hace ya unos años, con la nueva legislación de protección de datos, se abrió el debate sobre si cualquier persona tiene derecho a acceder al Registro y conocer toda la información sobre un propietario. El registrador debe conocer el motivo de la consulta y si considera que no es adecuado puede negarse a facilitar la información. Ahora, en Maó, si quieres ver una inscripción te hacen una fotocopia del libro y antes de que la puedas consultar un empleado del Registro dedica parte de su jornada a borrar todos los datos personales del propietario. Lo que sí queda archivado en el Registro durante tres años es la solicitud de quien hace la consulta, con todos sus datos personales.

Facilitar el acceso a la información es lo que permite avanzar en materia de transparencia, algo que los políticos prometen en campaña electoral, pero casi nunca cumplen. La tendencia de que lo público sea algo “privado” de los administradores está en alza. La protección de datos personales es un buen argumento y a veces una excusa perfecta para poner barreras al libre acceso a la información.

Una mujer puede estar o no embarazada, pero no un poco embarazada. Lo público, lo es, más o menos, a veces, según el estado de ánimo del registrador. Y si eres periodista, ¿cuál es tu interés conocido? ¿Acaso pretendes publicar lo que es público?

Quien tuvo no retuvo

jueves, diciembre 6th, 2012

Cuando Felipe González ganó las elecciones de 1982 y compareció ante las cámaras de la televisión le temblaba la voz. No se había recuperado del susto. Esa imagen siempre la he asociado a la de Robert Redford -salvando las diferencias físicas- en la película “El candidato”, cuando después de ser elegido senador se pregunta “¿y ahora qué?”. El derrumbe de la UCD propició la victoria socialista, sin embargo este partido despertó la ilusión de los más de diez millones de ciudadanos que le dieron su voto “por el cambio”.

Esa sensación de que se vivían momentos importantes, de libertad y de democracia, ha quedado para la historia. Entonces, los valores importaban ahora solo interesan los que cotizan en la Bolsa. Hemos cambiado.Felipe González ha merecido un homenaje de su partido.

Una iniciativa contraproducente porque al final, en lugar de potenciar la imagen del PSOE, se le preguntaba al veterano líder si había alguna remota posibilidad de que vuelva, mientras Rubalcaba se mantenía en su línea de perfil bajo, en lo que se parece a Rajoy, aunque con resultados distintos.El deporte de moda es el tiro al político, la profesión (que lo es) más denostada por los ciudadanos. Creo que los políticos no son una especie distinta del resto de la sociedad. Tenemos lo que hemos elegido y, por tanto, lo que nos merecemos. Eso no quiere decir que no añore el espíritu de la democracia, cuando como periodista entrabas en el Ayuntamiento, pedías un expediente y a ver quién era el antidemócrata que se negaba a enseñarlo. Hoy eso es imposible. Aquí no se enseña un papel si no lo dice el juez o entra el fiscal por la ventana.

Me cuesta ver los efectos positivos de la crisis cuando hay tanto sufrimiento. Pero quizás, con permiso de los Mayas, anime el cambio, como en el 82.

Pero sigo siendo el rey

jueves, diciembre 6th, 2012

El diario monárquico “ABC” tituló, con dolor, el 15 de abril en portada: “El año más amargo del Rey”. El monarca se había roto la cadera en un accidente mientras cazaba elefantes en Botswana. La amargura más importante no procedía del dolor físico, sino del descrédito social al quitar el velo a su vida privada. Para la historia ha quedado la imagen del Rey de España con rostro compungido, pidiendo perdón y afirmando. “No volverá a suceder”.

El Rey me ha sorprendido. Lejos de hundirse ha sido capaz de darle la vuelta a la historia y, lo que es más importante e incluso un testimonio para estos tiempos aciagos, ha superado la crisis. No la económica, que no padece, sino la institucional. Hoy, Juan Carlos I es más rey que hace siete meses. No se pierde una cumbre. Viaja cuando hace falta. Se inyecta morfina para aguantar el dolor y estar con los jefes de Estado de América central y del sur, en la cumbre reciente de Cádiz. Pone a Urdangarin en el sitio que él ha decidido. Y además se le ve tan comunicativo y campechano como en sus mejores tiempos. Lo que ha demostrado es una actitud excelente para superar un problema considerable.

Ahora se recupera de otra operación en la cadera y no hay “telediario” que no dedique una pieza a “qué tal ha pasado el día el monarca”. Incluso la reina y toda la familia han desfilado, juntos y por separado, ante la habitación real del hospital.

El Rey camina con dificultad, pero tengo la impresión de que cada paso que ha dado desde ese fatídico mes de abril ha sido perfectamente calculado con el objetivo de recuperar su buena imagen pública. Quien ha diseñado ese cambio debería ser nombrado ministro de Economía.