¡Lo siento, perdón!

Suena a disculpa después de pisar a alguien sin querer. Existe una amplia gama de pisotones y no siempre los físicos son lo que más daño hacen. El Rey ha conseguido abrir un debate sobre la disculpa. Además del componente de buena educación que la motiva, hay otros aspectos interesantes. El más importante se refiere a la sinceridad de la expresión, lo que lleva a la parte de la frase que no sale en el titular: “No volverá a suceder”. Todos aceptamos una disculpa y, generalmente, incluso la agradecemos, sin embargo solemos intuir si es auténtica o falsa. Lo que parece evidente que al Rey le ha servido. Su “lenguaje” corporal, la cabeza real gacha, y el tono verbal transmitieron una cierta autenticidad. El hecho, la caza y el Rey con sus circunstancias, es otra cosa y puede que se levante la veda informativa, sin embargo la disculpa ha sido un remedio efectivo para bajar la temperatura ambiente. Por otra parte, se equivocarían los políticos que pensaran que la táctica les concede una “patente de corso” para utilizar la disculpa como una fórmula que les permita superar el error, sin que importen demasiado los hechos y sus consecuencias. Porque no es lo mismo exigir una república que una dimisión.

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