Amy, en las páginas rosa

Su apellido era Winehouse, “casa del vino” en español, o “vino de la casa”. Pero ella era de marca, con una voz espectacular, que devolvió el soul a la cumbre. Lástima que esté muerta. No se sabe si por sobredosis, pero es probable, por su enorme dependencia del alcohol y las drogas.

Intentas separar la voz, su don natural, del cuerpo maltratado por ella misma y no es fácil. Otros lo saben hacer. Diarios como “El País” explican la muerte de Amy Winehouse en sus páginas de verano, en la sección de “música y gastronomía”.

Algunos de sus seguidores, que deberían admirarla solo por sus canciones, han dejado botellas de ron delante de la puerta de su casa, donde apareció muerta. Como si la diva, ya sin voz, pudiera continuar bebiendo como una cosaca. Y eso que una de sus canciones más conocidas repetía en el estribillo una de las expresiones más sencillas, claras y contundentes: “No, no, no”.

Cuando alguien se destruye a sí mismo no es un ejemplo, sino una desgracia para él y para quienes le admiran y ¿le imitan? Un famoso sabe que su vida y su cuerpo son suyos, pero su imagen no les pertenece.

Me gusta como canta Amy Wine­house. Espero que su voz perdure y que su vida se olvide o que sirva para algo bueno, para que alguien que hoy deja una botella de ron como homenaje decida no seguir el mismo camino, que no se ría como un imbécil y que no pinte el rosa de negro.

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