20.000 a bordo del bus aéreo

Son más que suficientes para que alguien les haga caso. Son las personas que han firmado para que el transporte aéreo no nos ahogue directamente o que lo haga de forma más lenta y dolorosa, asfixiando a nuestra economía insular. La Plataforma ha llegado a una meta volante, la de alcanzar las 20.000 firmas, un objetivo nada fácil. Este aval se ha de traducir en algo concreto, que tenga un efecto incluso balsámico para unos menorquines que no rebosan optimismo. Alcanzar una mejora real en materia de transporte aéreo será un éxito colectivo de peso, de los que permiten ganar algo tan escaso hoy día como es la confianza. Por eso, el grupo vecinal que ha impulsado esta plataforma no puede traspasar la campaña a los políticos, sino continuar exigiendo que las administraciones respondan, esta vez sí, a 20.000 ciudadanos. Enhorabuena a la plataforma.

EL OBJETIVO NO está en los recortes, sino en las reformas. Que los políticos reduzcan sus sueldos públicos hasta un 25 por ciento tiene un efecto testimonial -importante porque se trata de recuperar algo de fe en el colectivo- pero que no va a ser un factor fundamental para reducir el déficit y favorecer la recuperación. Estos días se abusa de los testimonios -algunos, mal acostumbrados, los prestan a regañadientes- sin embargo no se vislumbra el alcance de las reformas necesarias. Asusta ver como el gobierno griego se ha comprometido a eliminar 1 de cada 4 empleos públicos, o como el de Portugal va a quedarse con la mitad de la paga extra de Navidad mediante un impuesto especial. No todas las reformas pueden hacerse ‘recortando’ la calidad de vida de los ciudadanos, acatando la dictadura de esos entes sin rostro llamados “mercados” y de las agencias de ‘rating’, como Standard and Poor’s, Fitch Ratings o Moody’s, cuyo nombre parece sacado de una película de Walt Disney. Estas agencias han sido denunciadas ante tribunales españoles. Preocupa que se ponga más el acento en la reforma laboral, de las pensiones o de la sanidad, que en las que han de afectar a la macro estructura administrativa o al sistema financiero. A mi lo que más me preocupa es ver  crecer la cola que se forma los miércoles en la calle dels Negres de Maó, de gente que busca pan.

CARITAS HA PRESENTADO
la memoria de su actividad del año pasado. Aquí, detrás de cada número está una persona. Los voluntarios de esta entidad diocesana, comprometidos con quienes sufren la pobreza, merecen un cariñoso abrazo social. Caritas sigue fiel a su labor evangélica, mientras se recupera del incendio que destruyó la planta de tratamiento de residuos voluminosos. Ha puesto en marcha una campaña de suscripción de bonos, con la esperanza de conseguir 2 millones de euros. Este colectivo cubre muchos servicios que la administración ya no puede dar, y cada día menos ante su falta de recursos económicos. El corazón de la solidaridad está en los ciudadanos. Hay que aprender a estar atentos a los síntomas de la pobreza que a veces la sociedad esconde detrás de los muros de los hogares. ¿Dónde están los niños menores de tres años que no asisten a las escuelas infantiles?.

LA EDUCACIÓN
no vive buenos tiempos. La desorientación legislativa coincide con una pérdida de motivación profesional. No se intuyen ideas nuevas que ilusionen y el discurso que sale de las aulas se recrea en todo lo que no funciona, que forma una lista extensa. Pero no siempre puede  uno mirar por la ventana para encontrar a los ‘culpables’. El colectivo profesional de la educación no es el problema pero forma parte de él. En Secundaria, por ejemplo, se estableció un horario lectivo de unas 16 a 17 horas a la semana. Muchos profesores dedican otras tantas a preparar las clases o a realizar actividades en el centro, pero siempre hay quienes se aprovechan de un sistema excesivamente corporativo. ¿Qué pasaría si la Conselleria aprobara un decreto que obligue a realizar dos horas lectivas más a la semana a todos los profesores, como se ha decidido en Catalunya?. Sin duda sería una medida que ayudaría a afrontar algunos de los problemas que figuran en la pizarra. Entre los más importantes no está la elección del idioma en que han de estudiar los alumnos. Quizás en lugar de centrar el papel de los padres en sus derechos, habría que insistir en los deberes. A no ser que suspendan, en cualquier idioma, incluso en inglés.

DINERO, MALDITO DINERO, como se canta en Es Cau de Cala Corb. El vil metal, o su ausencia de las arcas públicas, ha sido noticia recurrente en los últimos días. Incluso se ha extendido un cierto temor entre funcionarios por el cobro de la nómina de junio, que se ha disipado al comprobar ayer que el “empresario municipal” ha cumplido, de momento. La escasez pecuniaria ha sido la segunda escena de la nueva etapa política recién estrenada. La primera fue la constitución de las corporaciones. Muchas caras nuevas han ocupado los escaños del Parlament, los sillones del Consell y las sillas de los ayuntamientos. Para ellos no hay oposiciones, sino elecciones. El voto a las siglas parece suficiente y el control de calidad es interno, particular. Hay que agradecer el voluntariado político, pero los líderes tienen la obligación de asignar las responsabilidades con criterio, en base a la formación de cada uno, con la pretensión de la eficacia. Por eso sorprenden algunas presidencias de comisiones en el Parlament. Ya veremos.

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