Después de indignarse

Mucho se ha escrito ya sobre el librito de Stephan Hessel. Su expresión “Indignez-vous” -en francés suena más revolucionario- ha sido acogida con cariño por muchos. Hoy forma parte de los manifiestos sindicalistas del Primero de Mayo. La indignación se incuba entre los 4.910.000 parados, entre los ciudadanos que están hartos del sectarismo político, incluso entre los aficionados al fútbol, con niveles distintos en este último caso. Por tanto, el enfado por todo ello es un sentimiento ya consolidado, que no hace falta animar más. El Gobierno, quizás para paliar los efectos de la indignación, ya ha puesto en marcha una campaña publicitaria para que las personas con depresión vayan al médico. ¿Qué nacerá de esa indignación?. Quienes lean a Hessel verán que se trata de buscar algo que todos llevamos dentro, pero que escasea en la sociedad. Un poco de generosidad para dar prioridad al interés común, a lo que es de todos. Ayer se celebró en la iglesia del Carme de Maó una misa-funeral por Carmen Marcén. Después de luchar por el comercio justo en Menorca se fue con su marido, Antoni Carreras, a Ecuador a trabajar por los más pobres. Allí aprendía quechua, la lengua indígena. Me la imagino indignada por dentro, porque nada puede remover tanto las tripas como ver la miseria con sensibilidad. ¿Y qué hizo?. Pues, responder dando lo que le quedaba de vida. Fue extraordinariamente generosa.

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